La primera muerte del Everest en 2017 (crónica de una muerte anunciada).

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El Nuptse (parte del macizo del Everest).

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Escalando en el Nuptse.

Hay un sabio refrán que dice “hay escaladores viejos y escaladores audaces, pero no hay escaladores viejos y audaces”. Si te pasas de audaz en esa disciplina, no llegas a viejo.

Y así ocurrió la primera muerte en el Everest esta temporada 2017, recordándonos que no existen inmortales y que cuando se fuerza tanto el paquete por los récords y se pierde el respeto y la humildad hacia la montaña, desafortunadamente, el final se anticipa.

http://desnivel.com/expediciones/muere-ueli-steck

La velocidad en la montaña es seguridad ya que puede uno escapar de tormentas y en el caso de los Ochomiles, escapar de la oscuridad y de la zona de la muerte y llegar a los campamentos a tiempo.

Los récords en las montañas son innecesarios ya que no son maratones y no hay que calificar contra reloj, las montañas son las catedrales donde practicamos nuestra religión, y así como los creyentes no van corriendo y rompiendo límites de velocidad yendo a misa, los creyentes de la montaña no deberían de romper velocidades en las veredas vertiginosas para alcanzar la fama y que sea lo que los diferencie de los demás.

Alcanza tu cima, no el récord, que te diferencie tu humanidad (enseñando y ayudando a los demás), no tu ego por sobresalir y ganarle a los demás rompiendo récords. Gánate y conquístate a ti mismo, que de la vida, nadie sale vivo.

Las montañas no se conquistan, se sobreviven: “El hombre es el fin, la montaña es el medio”.

Ueli Steck necesitaba ir más rápido que todos, aún en su proceso de aclimatación, su apódo de la “máquina suiza” lo atormentaba más que lo consolaba porque tenía que rendir cuentas como el más veloz siempre.

A veces por las presiones de la vida real se nos olvida el dicho: “Escala montañas no para que el mundo te vea, sino para que tú puedas ver el mundo.”

Steck murió el 30 de abril 2017 aclimatando para intentar la sin repetir, ruta del colador Hornbein sin oxígeno en tiempo récord (cuando resbaló y cayó del Nuptse cerca del campo 2: “parece que resbaló cuando descendía a gran velocidad”, dijo el presidente de la NMA, Ang Tsering Sherpa).

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El talentoso alpinista y malogrado velocista técnico, Ueli Steck.

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En julio 22 del 2015, el holandés Martjin Seuren, falleció al resbalar y caer en la arista de Rochefort cuando viajaba en compañía de Steck mientras intentaba seguirle el paso, para lograr el récord de escalar los 82 cuatromiles de los Alpes en 61 días.

Años antes, el velocista francés Patrick Berhault, murió intentando lo mismo cuando decidió escalar en 82 días los 82 cuatromiles de los Alpes, Berhault llevaba 64 cuatromiles en otros tantos días cuando un resbalón acabó con su vida en la arista que une el Tãschhorn con el Dom (Alpes de Suiza). Fue en 2004 y contaba con 47 años.

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Patrick Berhault.

Para los puristas, el alpinismo de vanguardia consiste en buscar nuevas ascensiones, no en luchar (como un fondista o un ciclista olímpico), contra el cronómetro. Pero existen alpinistas superdotados capaces de aunar exploración, dificultad y velocidad para firmar encadenamientos de ascensiones impensables en tiempos récord. Y esto no es algo nuevo, la idea de correr escalando no le pertenece: Steck tan solo había llevado ésta práctica a su perfección.

Para la gente común y corriente, admiramos esos récords, pero no nos interesan ya que nada tienen que ver con las razones por las que vamos a las montañas: disfrutar el paisaje, tomar fotos, hacer vídeos, pensar y filosofar acerca de la vida, escapar del sistema, etc.

Las montañas son suficientemente riesgosas sin ir a tope todo el tiempo, ¿así que para qué o para quién ir más rápido y al límite de lo posible? ¿Realmente vale la pena?

Subir de la manera en la que lo hacen los velocistas no permite disfrutar porque no se pueden detener para nada!! Entonces, ¿cuál es el sentido? ¿En qué es distinto eso, con la vida convencional, siempre a las carreras en las selvas urbanas llamadas ciudades?

Bajo la propia de definición de Steck, en esta ocasión, no fue exitoso porque pereció, y no hay segunda oportunidad ya que la montaña rara vez da segundas oportunidades y los errores los cobra muy caro.

“Escala si quieres, pero recuerda que el coraje y la fuerza no son nada sin la prudencia, y que un descuido momentáneo puede destruir la felicidad de toda una vida. No hagas nada con precipitación; vigila cada paso que des, y, desde el principio, piensa en cuál puede ser el final” – Edward Whymper (pionero del alpinismo inglés).

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Edward Whymper.

En el deporte montaña, se han muerto los mejores (leyendas en sus disciplinas y áreas de experiencia) en montaña: Jerzy Kukuzcka, Peter Boardman, Joe Tasker, Pierre Beghin, Jean Cristophe Lafaille, Benoit Chamoux (otro velocista), Dougal Haston, Alex McIntyre, Erhard Loretan, Norbert Joos, Hermann Buhl, Alan Rouse, Nick Estcourt, Alex Lowe, Todd Skinner, Tomaz Humar, Scott Fischer; Rob Hall, Anatoly Boukreev, Babú Sherpa, Lopsang Sherpa, Jean-Marc Boivin, Dean Potter, Dan Osman, etc. Y ahora, Ueli.

Lo que los une a todos como común denominador es el riesgo aumentado y la complacencia y hasta cierto punto, la negación, misma que ejercieron previo a sus decesos, lo que nos revierte al proverbio del inicio.

N.B. En septiembre del 2015 durante un ascenso en solitario al Montblanc, platiqué con un local encargado del refugio Nid d´aigle (nido de águilas), de nombre Löic, quien conoce bien la región y a los guías y me comentó que el 30% de los guías muere en montaña antes de los 40 debido a los accidentes inherentes de su deporte y profesión en los Alpes.

[Actualización al 30 abril a las 14:30 p.m. hora de Nepal]: Ueli Steck ha muerto en el Nuptse. Ha caído al final de la primera parte de la ruta normal del Nuptse, a unos 7.200 metros. Escalaba solo porque su compañero de cordada, Tenji Sherpa se congeló gravemente por el tipo de aclimatación rápida que intentaba con el suizo, bajó a recuperarse y Steck continuo sin él. Unos sherpas que se encontraban descansando en el C2 le vieron caer y un grupo de cuatro sherpas y dos alpinistas (un iraní y un peruano) partieron para intentar ayudarle, pero ya había fallecido. Un helicóptero ha recuperado el cuerpo.

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