Adaptación al cambio variable mediante la aventura.

“El mundo es como un libro y quien no viaja solo lee una página”. – Agustín de Hiponia (san Agustín).

Y al respecto, el filósofo alemán Herman Keyserling escribió: “El viaje más corto hacia uno mismo, lo lleva a recorrer el mundo”. 

Sin ahondar en tecnisismos, la variables son las entidades que le dan el valor e incógnitas a una ecuación y el cambio variable es una técnica matemática para resolver los valores desconocidos iniciales.

Por ejemplo, si tienes tres puertas y se te pide que adivines cuál contiene el premio mayor, tienes un 33.33% de acertar en cada una que elijas y tienes 3 variables, pero si te dicen o ya sabes lo que contiene una de ellas (por la razón que fuere), sube tu porcentaje al 50% debido al cambio variable de saber, ya que ahora solo tienes 2 variables desconocidas. El cambio variable sirve para que una vez resuelta una incógnita, se deshace el cambio para obtener el valor de la incógnita inicial (o las que falten).

¿Porqué hablo de esto? Porque nuestras vidas están regidas por los cambios variables que ya sea que nos demos cuenta y los entendamos y los aceptemos o no, así son porque son así. Es decir, por eso nacemos y envejecemos, porque hay cambios variables en nuestras células y en nuestro entorno y la adaptación a esos cambios dicta nuestra supervivencia.

Y vivir es lo mismo, ya sea que vivas convencionalmente o no, los cambios siempre ocurrirán, algunos más paulatinos que otros. La pregunta es si esperarás a que ocurran o saldrás a buscarlos. Vivir convencionalmente es vivir con menos variables y vivir con aventuras es vivir con más variables.

Para el 25% de las personas (1 de cada 4), quienes poseemos el gen de la aventura (gen viajero) DRD4-7R*, existe un magno proyecto de logro personal que se llama “Las 7 cumbres continentales”, el cual consiste en viajar a las siete placas continentales principales (Norte América, Sur América, Europa, África, Asia, Australasia-Oceanía  y Antártica), y encumbrar sus puntos cardinales más elevados.

*Haz el divertido test y averigua tu probabilidad de tenerlo (quienes tienen este gen aceptan el movimiento, los cambios y la aventura ya que para ellos viajar es lo más importante y tienden a acumular experiencias en vez de cosas):

https://adventuregenetest.landrover.com/?locale=es-es

Para la exploración se requiere de aventurarnos y eso nos lleva a enfrentar desafíos y riesgos. Y cómo no puede haber aventura sin riesgo, según el montañista  y pionero Ochomilista*, Reinhold Messner, hay que aventurarse por el mundo.

*Ochomilista es un ascensionista de los Ochomiles, es decir de las cimas que superan los 8,000 metros de altitud sobre el nivel del mar, de las cuales solo hay 14, 9 en el Himalaya en las fronteras de Nepal y Tibet y en 5 el Karakoram, en las fronteras de Pakistán y China.

Y hablando del mundo, de hecho, geológicamente, hay 15 placas tectónicas principales sin tener que subir 15 cumbres continentales (ya que algunas como la del Pacífico, la de Nazca, la Filipino, la de Scotia y la del Caribe, están 100% en el mar, lo cual implicaría que hay que subir cimas en las islas de ahí, lo cual no es el caso, aunque algunas pueden ser interesantes solo para conocer y estar ahí):

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La pregunta es si corremos más riesgos que antes y la respuesta es no, según el periodista de aventura estadounidense John F. Ross. Para él, la gente vive hoy más segura que antes y aconseja combatir el miedo con un análisis de la información que se recibe.
Antes de que los genes fueran descubiertos, Charles Darwin sospechaba que el comportamiento era en parte heredado. Más de un siglo después de Darwin, geneticistas israelíes encontraron que a gente sumamente curiosa que busca novedad y emoción, tienen versiones más largas de un gen llamado D4DR, que la gente tranquila y sedentaria.
Poco después, un equipo de estadounidenses encontró un segundo gen, con un cromosoma distinto que controla la ansiedad. El primero regula los niveles de dopamina y el segundo de serotonina, ambos neurotransmisores propagan placer y satisfacción, respectivamente.
Psicólogos evolucionarios en el Centro de Psicología Evolucionaria en la Universidad de California en Santa Bárbara, liderados por John Tooby y su esposa, Leda Cosmides explican que para nuestros ancestros, el riesgo era necesario para la supervivencia de la especie humana (desarrollando la versión larga del D4DR), ya que al salir a cazar o verse forzados a emigrar, se encontraban peligros objetivos que tenían que superar para sobrevivir (algo que repetidamente vemos en las noticias con los refugiados de Siria, África, Cuba, etc).
Así que si bien el riesgo y la aventura (“no hay aventura sin riesgo” – Reinhold Messner), puede parecer ridículo o sin sentido en un mundo tan pseudo civilizado y controlado por electrónica, máquinas, medicinas, drogas y otros estimulantes, para algunos de nosotros, la aventura es una parte esencial del cableado cerebral que tenemos que nos hace vibrar.

Volviendo al tema de las siete cimas, en Norte América es el McKinley o Denali (6,194m) en Alaska; en Sur América el Aconcagua (6,962m) en la provincia de Mendoza en Argentina; en Europa el Elbrus (5,642m) en Severina Balkaria en el sur de Rusia; en África el Kilimanjaro (5,895m) en Tanzania; en Asia (y el mundo) el Everest o Chomolungma (8,850m) en las fronteras de Nepal y Tíbet (China); en Australasia-Oceanía el Carstensz (4,884m) en Irian Jaya (Indonesia); y en Antártica el Vinson (4,897m) en la cordillera Sentinel a 1,200 kms del Polo Sur geográfico.

Un poco de historia:

En los 80, el estadounidense Dick Bass quiso ser la primera persona en ascender las cumbres más altas de cada continente del planeta, formando equipo con Frank Wells de los EUA también.  En 1981 iniciaron el desafío y en 1983 ya habían completado todas las cumbres menos el Everest, pues habían fallado en el primer intento. Frank Wells se retiró de la aventura pero Bass persistió, realizando dos nuevos intentos infructuosos al Everest en 1984.  Finalmente, el 30 de Abril de 1985 alcanzó la cumbre del techo del mundo, convirtiéndose en el primer montañista de la historia que completaba el reto.

El problema es que Bass subió el muy sencillo monte Kosciusko (2,228m) en Australia en vez del técnicamente complejo monte Cook (3,754m) en Nueva Zelandia, comenzando así la polémica, pues había un amplio sector de montañistas que no estaba de acuerdo en considerarla como la cumbre de Oceanía, basando el criterio en la posición de las placas continentales y la complejidad de la ruta, así que debían contemplarse también las numerosas islas del Pacífico incluyendo Indonesia y Nueva Zelandia (donde se encuentra el monte Cook), en la cual Nueva Guinea se encontraba dentro de los límites continentales, y allí se encuentra la montaña más alta de aquel lugar conocida como la Pirámide de Carstensz.

Tiempo después, en 1986, el canadiense Pat Morrow concluyó también la ascensión de sus 7 Cumbres, sustituyendo el Kosciusko por la Pirámide de Carstenz.  Desde ese momento existen dos listas para el reto de las 7 Cumbres, una con el Kosciusko y la otra con la Pirámide de Carstensz, siendo ésta última la que realmente cuenta (ya que al Kosciusko e llega en coche y es una caminata leve de pocas horas, mientras que el Carstensz  es una expedición internándose en la jungla de Indonesia que implica escalar en roca para llegar a la cumbre).

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Mapa con el Kosciusko y el Carstensz.

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Collage de las 7 cimas con el Carstensz.

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Carstensz.

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Kosciusko.

Muy bien, ahí están, y, ¿porqué ir? Cuando le preguntaron eso al explorador británico Francis Younghusband, respondió “Vayan ahí y lo entenderán todo”. Y es que para los que tenemos ese gen de la aventura, no podríamos entender esa frase desde una oficina, recámara o sala de comedor, tenemos que ir a explorar y vivirlo en carne propia.

Acerca de las montañas, Younghusband también comentó, “Las montañas reservan sus obsequios elegidos solo para aquellos que pisan sus cimas”.

Por otra parte, el explorador inglés y primer montañista serio acerca de ascender el Everest, George Leigh Mallory, respondió el 1922 cuando le preguntaron que porqué iba, respondió ” Porque está ahí”.

En la sencilla opinión del autor, voy para averiguar si lo puedo lograr (y de paso me doy un viaje de antología).

El explorador de exploradores y líder nivel 5 de Collins, Sir Ernest Shackleton*, publicó en 1912-13 el siguiente anuncio en el periódico buscando gente de valor para un viaje que resultó ser su más peligroso, difícil y el que lo convirtió en la leyenda que es:

“Se buscan hombres: para un viaje peligroso. Poca paga, frió amargo, largos meses en completa oscuridad, peligro constante, retorno seguro dudoso. Honor y reconocimiento en  caso de éxito.”
Más de cinco mil hombres respondieron al anuncio y fueron entrevistados. Al final Shackleton partió con un equipo de 26 marinos y científicos en lo que se convertiría el legendario viaje del Endurance (el nombre de la embarcación) en la Antártica, en el cual 28 personas (Shackleton, los 26 y un polizonte), debieron de haber muerto (tras un terrible desastre que les sucedió) y ninguno pereció gracias al liderazgo de Shackleton. En aquella ocasión tardaron casi 2 años en regresar a su país sin ayuda externa alguna.
A veces me pregunto si se publicara un anuncio similar, cuántos acudirían al llamado de aventura y exploración. Lo cierto es que una cosa es viajar y otra cosa es la aventura, ya que bien si viajar implica un riesgo inherente, viajar en busca de la aventura y la exploración es otra bestia completamente.
Al final de aquella epopeya digna de Horacio, Shackleton escribió en su libro “Sur “(South), “Hemos visto a dios en sus esplendores, (hemos) escuchado el texto que la naturaleza brinda. Hemos alcanzado el alma desnuda del hombre”.
*Se recomienda ampliamente que lo googleen y lean y vean todo lo que hay (videos, películas, artículos, libros estudios y ponencias de Harvard), en referencia a este extraordinario líder.

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Aconcagua.

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Macizo de McKinley (Denali).

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Elbrus.

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Kilimanjaro.

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Macizo del Vinson.

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Macizo del Everest.

En realidad, desde un punto de vista técnico-alpinístico, las vías normales de todas las anteriores no son de un grado muy elevado, dicho eso, el Everest por cualquier ruta, es un gran desafío y el McKinley (Denali) es siempre riesgoso, al igual que el Aconcagua.

Las demás, son aventuras muy interesantes culturalmente hablando y son ciertamente más retadoras que cualquier volcán (o combinación de volcanes que hay en México, por lo distintas que son en su geografía, meteorología y orografía.

También hay que mencionar importantemente, la gastronomía. Si de por sí puede ser un shock cultural ir al Kilimanjaro, por ejemplo, gastronómicamente no es muy diferente  a otras partes, el problema son los viruses y las bacterias que nos pueden hacer pasar un mal rato, además, ir a varias de las cimas continentales en un espacio corto de tiempo, es ciertamente desconcertante para la flora intestinal y para la inmunología.

En el verano 2016, acabo de tener la oportunidad de vivir y hacer eso mismo (experimentando lo comentado), ya que en dos meses (julio y agosto), llevé algunos alumnos a encumbrar el Elbrus (la cumbre del Cáucaso y de Europa), el Kilimanjaro (EL techo de África) y el Montblanc (la cima de los Alpes europeos), y después fui al Aneto en el Pirineo aragonés español.

En el Kilimanjaro, después del Elbrus y pasada la primera quincena de julio, antes de subir, un miembro se enfermó en la ciudad de arusha en Tanzania de una infección estomacal severa en la que hubo que vaciarle la farmacia e incluso inyectarlo. Algo que comió o cenó, jamás supimos, afortunadamente se recuperó y pudo hacer cima junto con los demás.

Es evidente que si la enfermedad es aguda, el sueño de poder realizar la cumbre se esfuma, estropeando la expedición del que afectado.

Y al autor, le tocó también: en España cerca de Madrid en cassa de unas amistades, comí una mayonesa casera y me puse peor que el miembro del Kilimanjaro, lo que puso en riesgo el poder ascender al Aneto y luego hacer una etapa del Camino Primitivo de Santiago. El punto es que cuando viaja uno incesantemente e intercontinentalmente, el cuerpo tiene que hacer muchas adaptaciones al clima, la comida y la cultura, lo que cobra una cuota a veces alta.

La parte de la cultura es particularmente interesante ya que en el viaje mencionado, visitamos Rusia, Tanzania, Francia y España (pasando po Dubai, Istanbul y Ginebra). Así que además del inglés, uno sufre con el ruso, juega con el inglés y se adapta con el francés. E inclusive en España, hay que adaptarse a los manerismos y al “slang” español de España, el cual es diferente al español mexicano y sudamericano.

Al respecto, neurofisiólogos afirman que el adaptarse a los lenguajes en un espacio corto de tiempo, ayuda a construir un “puenteo” neuronal en la fisura silviana de ambos hemisferios, produciendo así, mayor número de neuronas temporales.

Por lo que es una adaptación al cambio cultural en todos los sentidos. En 1961-62, los investigadores Richard Beckhard & David Gleicher de MIT Sloan (padres del desarrollo organizacional), inventaron la ecuación de liderazgo (con variables medibles), la cual implica cambiar, ya que sino hay cambio no hay liderazgo y sino hay liderazgo, no hay contribución ni progreso:

Ec = Ip x V x Pp > R

Donde Ec = ecuación de cambio (liderazgo para cambiar); Ip = inconformidad positiva (mejorar lo que no funciona bien); V = visión (saber dónde ir y cómo llegar ahí); Pp = primeros pasos (las acciones que se llevarán a cabo), y todo esto, tiene que ser mayor a la resistencia (al cambio), dado por R.

Y como en toda estrategia, tiene que haber una misión, indicadores, plazos y responsables.

Típicamente, la resistencia en cualquier organización/institución es del 30%, misma que se desglosa a continuación por las leyes de Pareto y Pritchard:

La Ley de Pareto del 80/20 nos dice que el 80% del esfuerzo, cambio, productividad y utilidad, lo hacen el 20% de las personas en la organización.

La Ley de Pritchard del 20-50-30 nos dice que ante un cambio o esfuerzo organizacional, el 20% está a favor, el 50% está indeciso y el 30% está en contra (resistencia).

Por lo que aún para los que tenemos el gen de la aventura y viajar: idear el plan, conseguir los recursos y el tiempo para realizar el proyecto y luego llevarlo a cabo, año con año, tenemos que sobreponernos al 30% de resistencia interna, por lo que hacerlo, supone un liderazgo situacional personal con adaptación al cambio (continuo), en el cual desarrollamos y perfilamos la competencia de visión (liderazgo en ver más allá para situarnos y llevarnos ahí y visualizar cómo seremos durante y después de la acción).

Cabe mencionar que la intencionalidad no tiene cabida en estos parámetros ya que no lleva a acción alguna.

“La acción lo es todo”. – Frederich Nietzsche.

Al respecto, Pierre Bourdieu escribió el muy recomendable libro “Pensamiento y acción”.

Hasta la fecha, unas 350 personas han logrado terminar las 7 cumbres (ya sea habiendo subido el Kosciusko o el Carstensz), siendo aún, un número muy pequeño de la población mundial.

La principal razón de que sean tan pocas es que es económicamente inasequible para la mayoría de los montañistas (quienes somos en sí un porcentaje pequeño poblacional) y se requiere de grandes apoyos, auspicios y patrocinios de empresas para lograrlo .

N. B. Una trivia interesante es que las segundas cimas más altas de cada continente son más difíciles y no inesperadamente, menos visitadas que las más altas.

 

 

 

 

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